Meditaciones

Meditaciones (601)

“Yo sé a quién he creído” (2 Timoteo 1:12, RV95).

Acabo de leer un artículo publicado en Adventist Review, escrito por Calvin Kim. El contenido del mismo gira en torno a las últimas palabras de algunos personajes célebres. Elvis Presley, el rey del rock, estaba disfrutando de una agradable conversación con su novia cuando le dijo: “Voy al baño a leer”. Al ver que Elvis se demoraba mucho ella fue a buscarlo, y lo encontró muerto.

Yo tengo que escribirte mis últimas palabras. Pero como no quiero que esto sea lo último que leas de mí, me apropiaré del mensaje final que nos dejaron algunos de los personajes más encumbrados que ha tenido este mundo. Más que frases de muerte, estas palabras han de ser lemas por los cuales hemos de vivir.

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Las palabras de Jonathan Edwards siguen teniendo toda la vigencia del mundo: “Confíen en Dios y no tengan miedo”. Thomas Hobbes, el filósofo inglés, justo antes de morir dijo lo siguiente: “¡Amigos míos, voy a dar un gran salto en la eternidad!” Immanuel Kant, el célebre pensador germano, declaró confiadamente: “No temo a la muerte, sabré morir. Les aseguro ante Dios que la siento venir esta noche. Alzaría las manos y diría: ‘¡Bendito sea Dios!’ ” Una de las que más me han impactado es la de Don Marcelino Menéndez y Pelayo, que mientras afrontaba la etapa final de una cirrosis atrófica, le dijo a su médico: “¡Qué lástima morir cuando me queda tanto que leer!” ¡Es que leer es bueno, es saludable, es agradable, es un regalo del cual podemos disfrutar los vivos! El 16 de julio de 1915, mientras agonizaba en su lecho de muerte, Elena de White dijo: “Yo sé en quién he creído”.

Sin duda alguna, las últimas palabras de Cristo constituyen el más noble ejemplo de cómo vivir: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!” (Lucas 23:46). Estas palabras nos enseñan que él murió de la misma forma que había vivido: dependiendo de su Padre. Esta frase nos habla de entrega, de sumisión, de rendir no solo lo que tenemos, sino todavía más: lo que somos. ¿En las manos de quién te encuentras tú? ¿En las manos de quién están tus sueños? ¿En qué manos has depositado tu esperanza?

Es mi deseo que hoy, el último día del año, tú puedas decirle a Jesús: “En tus manos encomiendo mi vida”. (I) 

#MisUltimasPalabras
#MiVidaesdelPadre
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Jóvenes 2016

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“Más vale dos que uno”. Eclesiastés 4:9

Tras haber completado su maravillosa creación, el Señor expresó abiertamente que “no es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18). No es posible disfrutar de la vida mientras actuemos como “islas” que flotan separadas del resto del mundo. Dios nos creó como entes sociales. La vida se disfruta más si tenemos gente con la que compartir nuestras alegrías y nuestras tristezas. ¿Ya sabes con quiénes vivirás tu vida?

La respuesta a esta pregunta incluye tres aspectos: 1) Tu familia inmediata; es decir, tus padres y tus hermanos. Elegir a tu familia no está en tu mano. Cuando naciste ya estaban ahí. De ese círculo no te puedes alienar bajo ninguna circunstancia. Lo que sí puedes decidir es 2) quiénes serán tus amigos y 3) quién será tu esposa o esposo.

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¿Cómo saber quiénes son amigos de verdad? Una respuesta sencilla la aprendí con el cantante español Víctor Manuel. Los verdaderos amigos “nunca piden nada y siempre dan”. Así fue la amistad de David y Jonatán. Así es la amistad que Jesús te ofreceBaltasar Gracián escribió en su obra cumbre, El criticón: “El que no tiene amigos no tiene pies ni manos, manco vive, a ciegas camina”, y que “cada uno muestra lo que es en los amigos que tiene”. ¿Cómo son tus amigos?

Hay pocas decisiones tan significativas como la de elegir un cónyuge. Con esa persona vivirás la mayorparte de tu vida. Con ella dormirás ocho horas diarias y es la que te ayudará en la crianza de tus hijos. Con ella tendrás que sentarte a comer. ¿Te imaginas tener que estar cincuenta años de tu vida con alguien que no te gusta, que no comparte tus valores morales y espirituales, que no coincide con tu visión del mundo? ¡Eso sería un calvario! Y para calvarios ya es suficiente con el de Cristo. No creas eso de que tienes que casarte con tu novio/novia porque ya establecieron un compromiso. Los noviazgos se pueden romper en cualquier momento; los matrimonios…, dan muchos problemas cuando se rompen. Si no estás seguro, no te apresures a dar ese paso.

¿Te acuerdas de Job? Cuando le sobrevino la desgracia su mujer lo dejó y sus amigos no lo ayudaron. Su única esperanza era esta: “Yo sé que mi Redentor vive” (Job 19:25). (I) 

#EligeBienaTuPareja
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Jóvenes 2016

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“Entrega al Señor todo lo que haces; confía en él, y él te ayudará” (Salmo 37:5, NTV).
El apóstol Pablo alude a gente que se pasa la vida golpeando el aire; y Santiago se refirió a los que son como las nubes, que el viento los lleva en cualquier dirección porque ellos no saben hacia dónde van. Es decir, no tienen ningún plan para su vida.
Biblia
Justo antes de morir, un ateo preparó su testamento y decidió dejarle un gran terreno al diablo. Tras analizar cuál sería la mejor manera de cumplir con ese inusual pedido, se determinó que la forma más eficaz de entregar la propiedad al Maligno era dejándola abandonada, y no impedir que la mala hierba se apoderara de la tierra. En la vida personal ocurre lo mismo. Cuando no hacemos algo productivo con nuestra vida, estamos dejando el espacio libre para que Satanás haga lo que quiera.
Dice Elena de White que “el éxito en cualquier actividad requiere una meta definida. El que desea lograr verdadero éxito en la vida debe mantener constantemente en vista esa meta digna de su esfuerzo” (Mente, carácter y personalidad, 1.1, p. 349; la cursiva es nuestra). ¿Ya sabes cuál es la meta de tu vida? ¿A qué te vas a dedicar? No puedes dejar que los años transcurran sin que sepas hacia dónde quieres enfocar tu destino. Tienes que fijarte una meta, contemplarla, soñar con ella, llevarla contigo a todas partes, tienes que mirarla fijamente.
Si no sueñas con algo nunca lo verás hecho realidad. Woodrow Wilson, el expresidente de los Estados Unidos, dijo en cierta ocasión que los seres humanos “crecemos mediante los sueños. Todos los individuos exitosos son grandes soñadores”. Y J. C. Penny señaló: “Deme un hombre común que tenga una meta, y le devolveré un hombre que hace historia. Deme un hombre que no tiene metas, y le devolveré un hombre común” (Robert Jeffress, Secretos de Salomón, p. 23).
Por supuesto, no basta con saber qué quieres hacer en la vida. Tienes que poner en las “manos del Señor todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán” (Proverbios 16:3, NVI). Además, no debes pasar por alto que “el que trabaja, prospera” (Proverbios 13:4). Fija tu meta, ora por ella y trabaja incansablemente hasta lograrla. Reflexiona en esta pregunta: ¿Qué será de ti en los próximos diez años? (I) 
#FijaTuMeta
#SoyunSoñador
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Jóvenes 2016

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Acuérdate de tu Creador ahora que eres joven” (Eclesiastés 12:1).

Si yo te preguntara quién dirige tu vida, ¿cuál sería tu respuesta? Vivimos en un tiempo cuando los jóvenes aseveran ser dueños de su libertad. Muchos suponen que ejercen el control absoluto sobre sus vidas y que ellos mismos son los amos y señores de sus decisiones. Lo cierto es que en el más amplio sentido de la frase, la libertad siempre será utopía para criaturas como nosotros. No hay un solo instante de nuestra vida en que no estemos bajo la autoridad de alguien o de algo.

La realidad es que hay dos poderes que día tras día luchan por dirigir tu vida. Uno de ellos es el pecado. Jesús dijo: “Les aseguro que todos los que pecan son esclavos el pecado” (Juan 8:34). El pecado es el peor amo que existe en el universo. Nos maltrata, nos oprime, nos obliga a hacer lo que no queremos y, por si esto fuera poco, nos da la muerte como salario por los años que hemos trabajado para él. ¿Dejarás que ese sanguinario señor continúe dirigiendo tu vida?

Si no queremos ser “esclavos del pecado”, entonces hemos de llegar a ser “siervos de Dios” (1 Pedro 2:16). Es decir, tenemos que permitir que Dios sea el que dirija nuestra vida. ¿Pero por qué es importante y nos conviene que Cristo sea el que decida sobre nuestra manera de actuar? Porque por nosotros mismos somos incapaces de saber encaminar nuestros pasos por la senda del bien. Salomón se preguntó: “¿Cómo puede el hombre entender su propio camino?” Nadie nos conoce mejor que aquel que nos creó. Por ello es necesario que “los pasos del hombre los dirij[a] el Señor” (Proverbios 20:24, NV1).

¿Y cuándo debe Jesús comenzar a dirigir tu vida? He aquí la respuesta: “Acuérdate de tu Creador ahora que eres joven y que aún no han llegado los tiempos difíciles; ya vendrán años en que digas: ‘No me trae ningún placer vivirlos’. Hazlo ahora” (Eclesiastés 12:1, 2). Si lo haces ahora te darás cuenta de que “no tiene límite la utilidad de aquel que, poniendo el yo a un lado, da lugar a que obre el Espíritu Santo en su corazón, y vive una vida completamente consagrada a Dios” (Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 26). (I) 

#DiosEsmiLíder 
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Jóvenes 2016

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“Satanás mismo se disfraza de ángel de luz” diciembre (2 Corintios 11:14).

«Las apariencias engañan”, dice el viejo y conocido adagio. Hace algún tiempo la compañía Ameriquest lanzó una serie de anuncios bastante graciosos que giraban en torno a esta premisa. En uno de los anuncios dos doctores conversaban sobre el progreso de un paciente. “Mañana le podremos dar de alta”, dijo uno. Mientras hablan, una mosca empieza a molestar en la habitación y el doctor toma el desfibrilador y usa la corriente para matar al molesto insecto, que cae sobre el pecho del paciente. En eso vienen entrando la esposa y la hija del paciente, ven el desfibrilador en manos del doctor y solo escuchan esta frase: “Bueno, eso lo mató”. El televidente sabe que se refiere al insecto, pero obviamente la mujer y la niña creen que se refiere al padre… ya te puedes imaginar su reacción.

Este cómico video encierra una gran verdad: “Las cosas no siempre son lo que parecen”. Esto lo entendí muy bien cuando vi una de las películas más taquilleras del 2014, Guardianes de la galaxia. En una de las escenas el famoso Yondu le dice al protagonista: “Parezco un ángel, pero no lo soy”. Y esas palabras describen a la perfección la naturaleza de nuestro enemigo y adversario, el diablo. Al principio sus motivos parecen puros, se presenta como tu aliado, tal como hizo con Eva. Aparenta preocupación por tu futuro y por tu bienestar; sin embargo, cuando menos lo esperas te traiciona y te hunde en el pantano del pecado, destruyendo tu vida por completo.

¿Qué podemos hacer para no dejarnos engañar por este “camaleón” espiritual? Hay que orar y estudiar la Biblia constantemente. Solo haciendo eso podremos distinguir la verdad del error, incluso cuando este último parezca sumamente atractivo. Durante su tentación en el desierto Cristo contestó tres veces al demonio con un “Escrito está”. El ejemplo de Jesús nos ayuda a entender por qué el Salmista pregunta y al mismo tiempo contesta: “¿Cómo podrá el joven llevar una vida limpia? ¡Viviendo de acuerdo con tu palabra!” (Salmo 119:9). Lee tu Biblia, atesora su mensaje en tu corazón y te aseguro que no serás engañado por los deleites temporales que te ofrece un demonio que tiene cara de ángel. (I)

#CuidadoConelPecado
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Jóvenes 2016

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“Así como los hijos de una familia son de la misma carne y sangre, así también Jesús fue de carne y sangre humanas” (Hebreos 2:14).

¿Eres de verdad?”, le preguntó una joven al presidente Obama cuando se topó con el mandatario en un parque de la ciudad de Washington. Mientras caminaba hacia el Departamento de Interior, el presidente se detuvo y saludó a la gente, felicitó a algunos que cumplían años, les preguntó el nombre a varios, regaló chocolates a un par de niñas y saludó a vendedores ambulantes. Puedes ver el video en el canal oficial de YouTube de la Casa Blanca. Uno de los momentos más emocionantes del video tiene lugar cuando una señora, al posar para una fotografía con el mandatario estadounidense, exclamó eufórica: “¡Dios mío, es el mejor día de mi vida! La gente va a creer que estoy con una estatua de cera”.

¿Cómo reaccionarías si te encontraras con Barack Obama? ¿Qué le dirías si lo vieras por la calle?

Ahora quiero que pienses en lo siguiente. Un día el Rey del universo, el Creador de todo lo que existe, la Majestad del cielo, decidió hacer un recorrido por nuestro mundo. La Biblia lo dice de esta manera: “Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros” (Juan 1:14, NVI). Pablo se refirió a ese acontecimiento con estas palabras: “Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16, RV95). Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros, caminó entre nosotros, vivió entre nosotros. Y hoy, dos mil años después, Cristo todavía sigue recorriendo nuestras ciudades, nuestros barrios, anhela que la gente se detenga y lo reciba, que hablen con él, que le cuenten sus problemas. Si hoy te encuentras con Cristo, con toda seguridad vas a tener el mejor día de tu vida.

Es sorprendente que Obama haya caminado por un parque de Washington, pero es más admirable que Cristo se haya hecho semejante a nosotros y durante 33 años haya experimentado en carne propia lo que significa ser humano. “Y como él mismo sufrió y fue puesto a prueba, ahora puede ayudar a los que también son puestos a prueba” (Hebreos 2:18). El Dios que se hizo hombre es capaz de entender todo lo que estás pasando. Él también fue como tú. (I)

#JesússeHizoHombre
#JesúsmeComprende
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“Todo mi vida te bendeciré, y a Ti levantaré mis manos en oración”.  Salmo 63:4

¿Cuál es el título de la reflexión de esta mañana? Por favor, no me digas que no sabes cuál es. Es más, estoy casi seguro de que sonreíste al ver el “título”.

Lo que he usado para llamar tu atención se conoce comúnmente como emoticón o emoticono (una contracción de emoción e icono). Aunque los emoticonos se han puesto de moda recientemente, sobre todo gracias a las redes sociales y a los servicios de mensajería electrónica, son más antiguos que las mismas computadoras. Ya en 1881 la revista satírica estadounidense Puck publicó cuatro emoticonos tipográficos. Para ver la similitud entre el emoticón y un rostro humano solo debes girar la cabeza hacia la izquierda.

Los emoticonos se han ido desarrollando a lo largo de los años, principalmente, para imitar las expresiones faciales y las emociones, para vencer las limitaciones de tener que comunicarse únicamente mediante palabras y frases, ya que estos sirven como abreviatura. En los primeros cinco meses del 2013, en Twitter se usaron ¡1.700 millones de emoticonos!

Por medio de este lenguaje se puede expresar: alegría smiley tristeza sad sorpresa surprised confusión worried sueño (.-) indiferencia._. mandar besos reírte a carcajadas xD mostrar que usas anteojos  sacar la lengua tongueguiñar un ojo winking el clásico corazón <3 y un sinnúmero de emociones y gestos que solo quedan limitados por tu creatividad.

¿Por qué decidí compartir esto contigo? Porque los emoticonos no son más que un reflejo de nuestra humanidad. Somos seres emocionales, necesitamos expresar lo que sentimos y que otros lo comprendan. Los psicólogos han demostrado que cuando vemos un emoticón en un mensaje de texto nuestro cerebro reacciona de la misma manera que cuando vemos un rostro humano; por eso no es lo mismo escribir “estoy feliz” que simplemente smiley

Ahora bien, ¿cómo te sientes al saber que Dios te ama, te protege y acompaña, que dio a su Hijo por ti y que pronto vendrá a buscarte? Expresa esas emociones, compártelas con tus amigos, como el Salmista lo hubiese dicho en el texto de hoy si en su tiempo hubieran existido los emoticones: “Toda mi vida te bendeciré, y a ti levantaré mis manos \0/ en oración”. ¡Alaba a Dios y sé feliz, él te ama! smiley (I) 

#ExpresaTusEmociones
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“Pues tú, Señor, desde mi juventud eres mi esperanza y mi seguridad” (Salmo 71:5).

Un joven que le tenía miedo a la muerte, fue reclutado durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo protegerse de morir en el campo de batalla? Esa era la pregunta que le atormentaba día y noche. Para evitar que su temor se volviera realidad, el muchacho llevaba en su cuello una imagen de “Buda de oro. En cada mano llevaba tres anillos de la suerte. De la cinta del casco pendían 22 billetes de la buena suerte. Pegado a la pierna izquierda llevaba un encantamiento contra las mordeduras de serpiente y la malaria. Finalmente, en los bolsillos del uniforme llevaba catorce pedazos de seda con palabras mágicas que tenían que protegerlo de las balas enemigas” (Renee Coffee, El viaje increíble, p. 163). El tipo se había blindado. ¿Y crees que todo eso lo protegió? ¡Claro que no! El pobre murió acribillado en medio de una gran balacera. Sus amuletos no pudieron protegerlo.

Este relato evoca en mi mente lo que pasó en los tiempos del profeta Isaías. En aquella época una gran cantidad de personas abandonaron al Creador y adoraron a los dioses fabricados “con sus manos, con sus propios dedos” (Isaías 2:8). No obstante, cuando el Señor decidió castigar a los idólatras, estos se escondieron en sus refugios y desde adentro lanzaban sus “ídolos de oro y de plata” (vers. 20); pero estos no pudieron protegerlos de la inminente destrucción.

En nuestra época miles y miles de personas no salen de sus casas sin antes tener la anuencia de las “estrellas”. Suponen que la astrología les brinda la seguridad que tanto anhelan. Pero sabemos que no hay amuleto en esta tierra que pueda librarnos de los poderes del mal. Lo mejor es acudir a Dios y decirle: “Señor, mi Dios, en ti busco protección; ¡sálvame de todos los que me persiguen! ¡Líbrame, pues son como leones; no sea que me despedacen y no haya quien me salve!” (Salmo 7:1, 2).

Qué bueno sería que cada uno de nosotros dijera: “Tú, Señor, desde mi juventud eres mi esperanza y mi seguridad” (Salmo 71:5). Si lo hacemos, disfrutaremos para siempre de esta promesa: “El amado del Señor vive tranquilo; el Altísimo lo protegerá siempre. ¡Vivirá bajo su protección!” (Deuteronomio 33:12). (I) 

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“No se engañen ustedes: nadie puede burlarse de Dios. Lo que se siembra, se cosecha” (Gálatas 6:7).

Luego de una violenta pelea, un joven decidió vengarse de su vecino. Una noche entró “en el sembrado del vecino y esparció en él una gran cantidad de semillas de una temible cizaña; una variedad que crece y se extiende rápidamente y que, una vez arraigada, exige mucho trabajo extirparla”. Luego de concluir su funesta labor, el muchacho se sintió muy satisfecho con lo que había hecho.

Por esas cosas de la vida, el joven se enamoró de la hija de su vecino. Logró hacerse novio de la joven y, al cabo de un tiempo, le propuso matrimonio. Como regalo de boda el papá de la novia “le obsequió al muchacho nada menos que ese mismo campo que él había estropeado con la cizaña”. ¡Ya te puedes imaginar la sorpresa que esto representó para el recién casado! No tenía más alternativa que aceptar el terreno y trabajar arduamente a fin de poder restaurar lo que él había dañado. Al verse frustrado por sus acciones, no pudo más que decirse “a sí mismo con dolor: ‘Estoy cosechando lo que sembré’ ” (Enrique Chaij y Francesc X. Gelabert, Aprenda a pensar en positivo, pp. 79, 80).

¡Cuánta razón tuvo este muchacho! Y yo me pregunto: ¿Qué has estado sembrando en el terreno de tu corazón? ¿Cuáles son los hábitos que has estado cultivando? Sin importar cuál sea tu respuesta a estos interrogantes, debes saber que lo que estés haciendo con tu vida ahora producirá resultados que impactarán tanto tu presente como tu futuro.

Hace dos mil años el apóstol Pablo escribió en la Carta a los Gálatas: “Lo que se siembra, se cosecha. El que siembra en los malos deseos, de sus malos deseos recogerá una cosecha de muerte. El que siembra en el Espíritu, del Espíritu recogerá una cosecha de vida eterna. Así que no debemos cansarnos de hacer el bien; porque si no nos desanimamos, a su debido tiempo cosecharemos” (Gálatas 6:7-9).

Si el joven de nuestro relato hubiera seguido el consejo de Pablo, habría recibido como dote nupcial un terreno fructífero. Pero su egoísmo lo arruinó. Reflexiona en lo que has sembrado en tu vida a lo largo de este año y responde esta pregunta: ¿Qué tipo de cosecha obtendrás? (I) 

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